A principios del verano me ofrecieron prepararme una nueva conferencia. Y eso siempre es a la vez un enamoramiento y una presión.
La gente de #HUB7, que son como familia, nos cuidan mogollón y a la que me unen muchas cosas se encuentra preparando una nueva línea formativa para empresas sobre los beneficios de un envejecimiento saludable, como cuidarnos para afrontar una de las etapas que pueden ser de las más gratificantes de nuestra vida.
La verdad es que su enfoque me gusta mucho pero… ¿Qué hace un historiador hablando sobre como envejecer mejor? ¿Dónde está mi autoridad sobre el tema?.
Y claro, empecé a pensar en Séneca y su “De la brevedad de la vida”, en Boecio y su “La consolación de la filosofía”… Pensé también que dirijo una escuela de artes marciales en la cual la media de edad está en 40 años (y subiendo!) y en mis propios procesos y achaques ya casi a la puerta de los 50 años y me dije a mi mismo… “Creo que tengo algo que contar sobre esto”. Y sobre todo “Creo que tengo que aprender algo sobre esto”, y esa siempre es muy buena base para empezar a crear…
Así que aquí estoy, empleando parte de mi verano en leer y reflexionar sobre este tema tan cercano ya para muchos, tan irreversible y tan hermoso a la vez, porque es hermoso aquello que recibimos con cariño, que aceptamos y asumimos como propio sabiendo sacarle sus cosas buenas y minimizando las malas, como cualquier otra edad.
La visión sobre la edad está cambiando en nuestra sociedad, y me alegraré mucho de contribuir a mejorar esa perspectiva, porque una de las llaves de un mejor futuro de nuestra civilización… está en nosotros, los mayores.
“La vejez empieza cuando se pierde la curiosidad”
José Saramago









